Fuerzas subterráneas

Texto realizado con motivo de la exposición “Víctor Solana: De un viaje intuitivo hacia uno más consciente”, IAACC Pablo Serrano, 29 de mayo – 29 de  junio de 2014.

Por Samuel Hereza.
“Es posible que, en su expresión más profunda, el realismo sea siempre subjetivo” – Francis Bacon.
Víctor Solana abre nuevamente su cuaderno de viaje para mostrarnos las paradas vertiginosas a las que a sometido su empresa.
Pintor realista, sintetiza obsesiones, deja que profundicemos en su mundo interior. Posee la condición que señala a los verdaderos aventureros del espíritu: de una sola ventana hace que surjan todos sus fantasmas, mundos de extrañas apariciones recuperados para el hombre, donde con una estilización expresiva traza atrayentes tensiones apoyándose en los impulsos que nos animan.
Figurativo por excelencia, encierra sus representaciones en un espacio de soledad, las despliega en una atmósfera masificada; multitudes amenazantes, envilecidos retratos bajo la dura luz de un sol espectral que lo matiza todo. Imágenes enteras por compactas, siempre grávidas, sumergidas en su profundo silencio, en la superficie despuntada del grito, abandonadas en habitaciones impersonales o reconociéndose en el ejercicio espiritual de trascenderse como carnal cuerpo de color y pintura.

Toda su obra está recorrida por esta presencia constate del individuo por hacerse presente, por presenciarse, por tomar consciencia de su fugacidad, finitud y decrepitud como organismo en la opresiva condición de negación y lucha: lo podemos ver tomando partido frente a la moralidad, en toda su desnudez, desatado y DEGRADADO; ante el potente foco que le ciega, como a él le gusta, cara a cara a plena luz contra el astro, ILUMINADO; en el espacio e intimidad turbadora de su estudio, suspendido en la desintegración o eclipse de un solo cuerpo ABSOLUTO.

La fuerza sugestiva se desprende de la corporeidad, única presencia del hombre que intermitentemente y en sus diferentes metamorfosis ha ido construyendo, conociendo en su intenso viaje, concretando en su lento y minucioso trabajo. Con una pintura fresca, vital, con un saber pintar como oficio, toma control del poder de violentar de sus imágenes, nuevamente podemos hablar de su gran hallazgo y reto; nuestro autor afianza el paso ganado en un acercamiento a la Realidad del grito, a la innegable Realidad del golpe, nos empuja y atrapa ante la presencia soberana del cuerpo en el espacio potenciada.

Solana vuelve de esta aventura como se vuelve después de largo camino por una zona prohibida, cargado consigo de figuras excesivas, arrebatados rostros, cuerpos y múltiples cabezas que emergen de lo desconocido con abrumadora presencia. Vuelve del viaje y abandona otra etapa, se hace cada vez más consciente, cada vez más lúcido en conocimientos, cada vez más cargado de culpa, imágenes y tormentos, en un viaje intuitivo que es privilegio único y viene a proferir de manos de este artista del subsuelo, viva realidad a nuestra condición humana y monstruosa.

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